miércoles, 23 de octubre de 2024

Querés otra cosa

Escribo mientras siento que necesito un mate. Tomo mate mientras siento que necesito comer algo. Como algo mientras pienso que debería estar trabajando. 

Trabajo de buscar trabajo cuando no tengo trabajo. Busco trabajo aunque no necesite. No paro de buscar. 

Buscar, como forma de vida. Mostrarse para ser aceptado y lograr objetivos. 

Objetivos que no son la paz. 

La paz que estoy buscando, siempre está más allá. Del otro lado del mundo. En la otra persona. En el otro trabajo. 

Dicen que la gratitud, el momento presente, abrirse a la percepción, este cliché, es la paz. 

Imagina despertar cada día diciendo, estoy haciendo lo que quiero, con quien quiero, como quiero. Que bueno estar acá, pese a las dificultades, esta es la vida que elijo. No buscar otra vida, sino elegir esta misma. Imagina eso, me digo, y busco, en mi propia imaginación, rendirme, dejar de caminar en busca de algo más. Hacer lo que esto que dispongo pone sobre la mesa y encontrar en estas personas, en este lado del mundo, en esta forma de trabajar la vida que quiero. 


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domingo, 20 de octubre de 2024

Soñe con serpientes

 Unos familiares nos mandaban a reformar una casa  en un piso muy alto, tenia una terraza con un jardin q no se usaba hacia muchos años. Poche estaba haciendo cosas adentro y sali a ver q onda el jardín. Estaba lleno de arañas y serpientes. Al principio eran un par peques y las empece a matar con una ojota.Pero se empezo a picar y habia cada vez mas.  No podia resolver y me empece a despertar. La primera sensacion al despertar fue que era uno de esos edenes q compartimos q tengo de mision recuperar confianza en estar ahi y espantar a los bichos q ya se acostumbraron a que no haya nadie y tomaron el spot.

Y por ultimo el sueño de hoy, donde una serpiente gigante paso por delante de donde van mis pies en mi cuarto y salio por la ventana. Estuvo bueno que dormí con la ventana abierta para que pueda salir. Después me fui del cuarto y estaba por cerrar la puerta cuando se dio cuenta que me estaba yendo. Se notó eso nomás, pero ya estaba ido yo. Ella podía volver y romper la puerta, etc. Pero yo podía despertarme, así que ahí quedó. Cuando me desperté, sentí que me limpié. Que se me había ido el veneno. Que me había curado de la bronquitis que tuve este tiempo. 



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Hablemos en otro momento, te estas victimizando

 Esto es para Garnold una nueva experiencia. No sabe si lo que dice va a ser o no escuchado. 

Imaginate estar 5 años bajo una misma lógica en la que alguien piensa que cada vez que reclamas atención en algún detalle estas victimizándote,  y con esa percepción, jamás va a ser oído el reclamo de atención. 
Solamente va a ser oído tu victimización, la cual, ¿Es real?

Imaginate que en esos 5 años NUNCA hubo un trabajo de procesar tu reclamo. Es como los sindicatos cuando no consiguen el aumento. Pero en lo emocional. 

¿Qué mierda hacés ahí? ¿Cómo puede ser tan lindo todo lo otro como para que no prestes atención a esta tremenda falla estructural? ¿Por qué te entregás a mirar una balanza? ¿Por qué no miraste mejor al centro de tu corazón y sentiste el SÍ. ¿Por qué te abrazaste? Y si fue por no querer estar solo, ¿Por qué no buscaste mejor? ¿Tenés tan poca autoestima? En una relación amorosa, lo que digas TIENE QUE SER ESCUCHADO Y PROCESADO, si no es asi, hay una falla. Diria una falta de respeto o falta de amor, pero voy a decir que hay una falla, porque quizas amor y respeto hay, pero la otra persona no sabe escuchar ni procesar lo que decis, por tanto estas destinado a reacciones como estas: 

-Estas exagerando! Quiero que estemos bien, es tarde ahora, hablemos en otro momento. (Dijo y estiró el otro momento hasta nunca)

-Basta! No puedo hablar de esto! Me hacés mal con estos planteos! (El planteo era que ella me hacia mal) Esto es una paradoja.

-No podes sentir eso! (Dijo y se bloqueó a la hora de responderte algo que no sea una evasión) 

-Ya lo hablamos! (Nadie recuerda cuando lo hablamos, y por qué no hablarlo dos veces)

- Ves? Te estás haciendo la víctima. 



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domingo, 14 de agosto de 2022

Apareció la situación indicada para ser feliz y salir del pozo. 
Estabas buscando algo que acabas de encontrar. 
Te vieron como una persona que está muy sola en la vida. Si, si, te vieron débil y sediento de amistad y de amor. Y te vieron equivocarte por ser tan intenso. Te vieron ser, en un mal momento. Y saliste a buscar. 
Tuviste un plan: verte con gente hasta generar un vinculo de confianza. 
¿Confiás? Las primeras semanas son como un trailer de la persona. 
Pegaste un QR de la página de Garnold y alguien lo leyó
No sé si esta historia es real o no, pero hay alguien que me cree. 
Apareció la situación indicada para ser feliz y salir del pozo: filmar, pintar, encontrarse con gente en buen plan. Citas grupales, citas individuales, creatividad, encuentro, rutina, filmar, pintar, encontrarse con gente en buen plan. Citas grupales, citas individuales, creatividad, encuentro, rutina, filmar, pintar, encontrarse con gente en buen plan. 

miércoles, 10 de agosto de 2022

Mirar lo feo

Es feo ver como se materializa la desilusión. 

Se anticipa, claro, con advertencias, con gestos. 

Pero la ilusión, al principio, es más fuerte. 

Uno piensa que lo que viene se va a parecer a eso que pasó solo una vez 

multiplicado por todos los días de tu vida.

 Que igual sí, es encontrar el amor durante todos los días de tu vida. 

Pero uno se aprende el guión de cómo es. 

Y de aprenderlo, se empieza a poder profundizar y encontrarle algo jugoso y rico por profundo, 

pero también algún detalle que hubiera sido mejor evitar, que está ahí y de a poco lo pudre.

En cada encuentro, cuando ya no es una sola vez, vas a alternar entre mirar lo podrido y lo sabroso. 

Y te van a ver, lo podrido y lo sabroso que tienes. 

Y van crear lo mejor que les puede pasar en equipo, y arruinarlo en equipo.


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miércoles, 25 de agosto de 2021

La poesía hoy es caricia

 Dónde están las verdades que lo convocan a la acción poética?

Acción arrastrada por el amor y la supervivencia, su tiempo es la poesía. 

Vivo feliz sin reflexión, decía, "la vida de Garnold", mi nuevo blog, solo de anécdotas y chau pensamientos.

Vivo en camino, sin proyecto más que seguir. 

Algunos intereses, la cultura gráfica precolombina, los libros de herman hesse, pintar con aerosol, poder con su vida hasta que pueda vivir sobrado, amar día a día, comer casero.

estás bien? sí

a dónde vas? a moverme hasta quedarme quieto

qué querés? quedarme quieto lo antes posible. pero en camino. solo en camino.

no entiendo, que querés decir? me estoy moviendo de carril hasta encontrar el mío y seguir derecho un tiempo, quizas 4 meses, quizás más de un año, lo que sea mejor para mi cuerpo, mi gran amigo olvidado, doblado, mal alimentado y  fumado, me está esperando hasta que me quede quieto, en mi carril, yendo con él. 

viernes, 13 de agosto de 2021

Todo suma

 Si bien todo suma, a veces hay desorden. 

Sumar posibilidades alcanza para sentirse seguro, pero no para dar tranquilidad. 

El orden, la rutina, ayuda, la buena vida consiste en eso, en tener una rutina plena en pos de una disciplina. Garnold ha encontrado una rutina muy grande, en la que año a año, mes a mes, pero nunca semana a semana, ni mucho menos dia a dia, puede encontrarse a si mismo. 

El siempre hace lo mismo, por eso es él. 

Suma: 250+40+150+250, es el logro de 1 mes y medio de trabajo. También pone el cuerpo y dice, 200+600, todo suma. Y sobrevive,

Y piensa, 1050 cada mes, será esa una buena forma de ordenarse. 

Y suma variables, todo suma, pero le cuesta más ordenarse. Tomar una decisión, eso que a veces es decir "es por acá y por acá no". Tomar una decisión que también dice "esto sí". Tomar una decisión, que dice "esto no". 

Esto va a acá, esto otro va acá. Y todo encaja, todo tiene su lugar, su tiempo. 

Todo suma y hay que ordenar rápido como un tetris antes que caiga la pieza al suelo. 


miércoles, 30 de diciembre de 2020

Un anhelo manija después de un año de cuarentena

Garnold no tiene miedo de la oscuridad, ni de los otros, tiene miedo de perder la sensibilidad.

Se sentó frente a la laguna que alguna vez fue su sueño y durmió una profunda siesta bajo la sombra de un árbol.


DESEARÍA PODER CONMOVERME COMO ANTES


1) ¿Qué le pasó a ese animal?

2) ¿Qué le pasó que de atropellar al mundo pasó a atropellarse a sí mismo?

3) Decisiones en contra de los deseos más carnales y a favor de la racionalidad, sin siquiera cuestionamiento político, solo económico. La supervivencia está devorando su sensibilidad. 


COMO SI NO PUDIERA 


Es la frase que dijo cuando abandonó finalmente esa estúpida falsa humildad.


PERO CLARO QUE PUEDO


Así se reafirmaba cada vez, cuando se plantaba como un árbol frente a la vida, que se queda 300 años en ese lugar.


ESTOY CADA VEZ MÁS ALTO


nunca tuvo el foco en bajar, pero recién después de un tiempo, se dio cuenta de que su orgullo nunca fue el mejor consejero.


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¿Qué es la política? Se cuestionó ese día

Lo que leí, leí hace mucho, en sociedad y estado del cbc, solo escuché muchas polémicas en televisión, otras muchas en la computadora y otras en el teléfono, y empecé a tomar postura frente a los temas que se presentaban. Por lo general apoyado por ideas de profesores con quienes empatizaba, e ideas de amigxs que también, se apoyaban en un conocimiento más detallado para fundamentar sus ideas. Amigxs que después fueron parte de organizaciones que incitaban al debate, a la formación de criterio y al espacio amigable para generar conciencia y respeto mutuo, ganar derechos, entre otras cosas que no sé.  Más que nada sus intenciones eran de pura vocación, y eso me incitaba a adoptar sus ideales, Aunque nunca a copiar sus acciones pues, hasta hoy esos ideales que me presentaron no sintonizan con mis acciones. Tengo otra política, la cuál estoy tratando de identificar.

Cambiar las acciones animales hacia acciones ideales es aparentemente el camino propicio. 

En ejemplo, una acción animal podría ser una mujer destinada parir, y una acción ideal es una mujer que puede decidir si parir o no. Una opción política inteligente.

Pero sin cuidado de la inteligencia, vivo urgencias que me efervecen y resolverlas me hace sentir capaz de interpretar esos ideales y justificar que yo, con capacidad resolutiva, soy el indicado para decir que ideal está bien y cual está mal. Y justificar que -no cambiar- está bien porque yo resuelvo problemas sin necesidad de cambiar.

Parte de mi orgullo, claro, pero las jaulas que mi inconsciente le construyo al miedo son las mismas jaulas con las toco a las personas que me rodean, y parte de la luz que saldría de mí, se tapa por miedo y termino echando sombra donde sería ideal echar luz.

Por lo tanto, entiendo que la construcción de mi orgullo es una trampa, por que cuanto más lo desarrolle en este sentido, la jaula tendrá más barrotes y mayor será mi sombra, que sirve para matar, pero no tiene demasiada función ni en la amistad ni en el amor.


DE TRAMPA A TRAMPOLÍN


Mi orgullo, mi jaula que aprendió a resolver mi supervivencia, es mi principal sostén ideológico. 

El plan es mutarlo.

Mutar mi sostén implica riesgo de caer, pero desarmar la trampa es necesario. Ese brillo que no doy, es sombra que me doy, y no la quiero. 

El plan es crear un nuevo orgullo. Un nuevo criterio. Uno menos tramposo, que ya se sepa poderoso, y sin necesidad de atajos. Quitar la jaula, armar puentes, decorar el camino, empezar a invitar y brillar, darlo todo. No dejar nada dentro y abrazarme fuerte a la curiosidad y las enseñanzas de esta aventura hermosa que es la vida.

(más abajo alguien grita)

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QUIERO QUE TODAS LAS FACETAS QUE ME HABITAN TENGAN UN ESPACIO PARA BRILLAR

deseo carnal de conquistar el mundo con luz

deseo carnal de lamer un cuerpo entero 

deseo carnal de sentirse entregado a otro animal que quiera bailar desde el eclipse de la conciencia

deseo carnal de atrapar el objetivo

deseo carnal de renacer

deseo carnal de sentirse vivo, agradecido, en juego, en marcha y en subida

UNAS ALAS QUE CONSTRUÍ DURANTE AÑOS QUE QUIEREN ALETEAR TAN FUERTE COMO MI VIDA Y SEGUIR DE LARGO MUCHO MAS ALTO QUE EL POZO QUE ES SOLO UN PAISAJE INACCESIBLE

UN NIDO, CONSTRUIDO Y DECORADO POR MI EQUIPO EN LA CUMBRE.

Y la sensibilidad que perdí cuando hice caso, la recuperé otra vez, en rebeldía.



martes, 6 de agosto de 2019

Buscafama

Pues una noche la maestra dijo:
-Oh... la trascendencia en el arte. Esa búsqueda de la inmortalidad y el reconocimiento después de muerte. Van Gogh, por ejemplo ¿De qué sirve el reconocimiento si uno no lo puede vivir? ¿De qué le sirve el reconocimiento al artista?

Garnold sintió un dolor en el pecho cuando percibió el tono irónico de su maestra. Sintió que ella hacía burla de una trascendencia que quizás él mismo anhelaba.

Recordó inmediatamente a su abuela, que pocos años antes había muerto y dejado una herencia de centenares de cuadros, telas teñidas y esculturas; que en su mayoría fueron desechados.
En vida ella no tuvo ningún reconocimiento ni ningún acercamiento al mundo del arte, mucho menos al mercado.
Ella pintaba para sanarse y para explorar la vida. No consideraba el arte como un medio para la expresión o la supervivencia, sino como un acceso a la plenitud en sí mismo.
Recordó que ella le había mencionado en su lecho de muerte que el arte le había salvado la vida y  sintió también el misterio eterno que quedó dentro suyo al no haber hecho más preguntas en ese momento.

¿Qué te estaba pasando abuela?
¿Esculpías o pintabas?
¿Me mostrás?

Luego de la clase, Garnold visitó a sus padres y contempló uno de esos cuadros. Allí mismo quitó el dolor de su pecho con una afirmación.

Amó esos trazos y puedo verla a través de ellos.
La importancia de la trascendencia del arte no tiene que ver con la fama, sino con la profundidad que ofrece la reinterpretación con el paso del tiempo.
Soy su único espectador y quizás ella misma fue su única espectadora durante tantísimos años. Esto no le quita mérito ni valor. Quizás, nadie vuelva a ver nunca más su obra. Pero la transformación que dejó en mí, mutó mi raíz, mi futura obra, mi futuro espectador, que quizás sea solo una persona en particular dentro de medio siglo, o más tiempo, nadie sabe. 

domingo, 3 de marzo de 2019

Garnold y el niñito Garnold

Garnold camina por una calle que siempre ha caminado.
De lejos, en la puerta de una escuela, ve dos nenes peleando y una ronda se esparce despareja al rededor de ellos. Los miran porque son el centro de atención.
Uno de ellos no quiere pelear, enojado se aleja porque no quiere que lo molesten. El otro, un gordito, no deja de molestarlo. En la ronda, se burlan porque no pelea y son varios los que lo empujan.
Garnold se da cuenta que el niño que no quiere pelear tiene cara de Garnold. 
Es él mismo cuando tenía 9 años.
El gordito empuja fuerte al niñito Garnold y lo tira al piso.

A/ En una realidad, Garnold adulto se enfurece y le tuerce el brazo al gordito hasta ponerlo boca abajo pidiendo piedad.

B/ En otra realidad, es el niñito Garnold quien  reacciona desde el piso con mucho odio y le tuerce el brazo al gordito hasta ponerlo boca abajo. El adulto contempla la situación como la nostalgia.

El niñito reconoce que esa firmeza con la que reaccionó fue la voluntad de un Garnold adulto que no iba a volver a permitir esta escena durante el resto de su vida.

El niño Garnold, de 9 años, agradece al adulto que le enseñó. El adulto guarda el nudo en la garganta de emoción y lo abraza porque entiende que fue el mismo quién se eseñó tantísimos años antes, a defenderse con astucia.

martes, 26 de febrero de 2019

Reencuentro irracional

Garnold tocó el timbre de una casa y se alejó unos pasos. En su incómoda manera de esperar, yendo y viniendo por la vereda, se notaba que no estaba seguro de haber tocado ese timbre. De reojo, supo ver que lo habían visto desde adentro. Más incómodo aún, se hizo el que no vio y se alejó un poco más.
Garnold se preparó para que no le abran. Era muy extraña su presencia en la casa de su viejo amigo de la infancia. No habían sido tan amigos siquiera, ni tampoco tenía un motivo para reencontrarse con él.
En un impulso, como si el tiempo no hubiera pasado, tocó el timbre de su casa para invitarlo a jugar.

Se abrió la puerta y su amigo, con la mirada de un alma cercana, cuestionó el encuentro frunciendo el ceño. Garnold no supo dar otra explicación más que levantar la ceja sorprendido y tímido. Su amigo le sonrió y lo saludó para romper el hielo.
-¿Pasó algo?
-No... Sólo pasé por acá y se me ocurrió tocarte el timbre, no tengo tu número... Sino te escribía...
-Está bien... ¿Querés pasar?
-No, no... Si querés caminamos un poco...
...
...Muchos años que no nos vemos... ¿Cómo andás?

Juntos se sintieron bien por haberse encontrado, pese a lo forzosa de la situación.
Caminaron abrazados hasta la esquina apenas se sintieron cómodos.

-Bien, bien. Vi eso que estás actuando de Shakespeare...
-¿Fuiste a verme?
-Sí, fui la semana pasada, la pasé muy bien.
-Mirá vos, yo pensé que hacía años no nos veíamos... Ni siquiera sé por qué te toqué el timbre. Será que nos vimos ahí y me acordé en el inconsciente.
-Debe ser, yo apenas vi tu cartel viajé en el tiempo... Me acordé cuando salíamos a cazar mariposas con los envases de plástico recortados. ¿Te acordás? Que le poníamos un palito...

Garnold tenía un profundo nudo en la garganta. Estaba muy conmovido de ver a su viejo amigo. Sentía que esas emociones de su infancia no habían sido borradas, no habían sido solo suyas.

viernes, 22 de febrero de 2019

Abrir el pecho y dejar entrar el puñal

Garnold despertó temprano y preparó un mate.
Se sentó en la mesa y comenzó a dibujar.

Mientras dibujaba recordó poner música. Al rato le dio pausa y se volvió al dibujo. Lo miró con el ceño fruncido.
Esto puede llegar a arruinarme la existencia, dijo Garnold.

El dibujo no se entendía.

Son distintas mujeres, pero la fantasía obsesiva siempre es la misma, agregó.
Garnold dejó el dibujo sobre la mesa, se acercó a la ventana y tomó un mate preocupado por su futuro.

Aparece una mujer hermosa y se posa en mis ideas como si fuera la comandante.
No la conozco. Es decir, nunca interactuamos, sólo la vi una vez y me pareció todo esto hermoso que imagino. Y de pronto todas mis decisiones cambian... Esto es muy peligroso.
Yo me dejo porque es mí ser que fluye, pero realmente no entiendo bien a dónde voy. Quizás sea mi mejor intento a acercarme a ella. Y todas mis voluntades tienden a eso. ¿Alguien cree que eso es el amor?
Me gustaría creer que no, que el amor se hace de a dos. Pero esto que cuento pasa. Me pasa y me pasa siempre.
Y después... Después viene lo terrible. Por esa suerte que tengo, mi fantasía se hace realidad y ella se acerca. Esto es demasiado peligroso. No solo gobernó todas mis voluntades para acercarme a ella. Sino que ahora, puede hacer conmigo lo que ella quiera. ¿Y si no me cuida? ¿Si no me ama?
Si quiere, me elimina.
Esto puede llegar a arruinarme la existencia, volvió a reflexionar Garnold.

Garnold tomó dos mates sucesivamente, agarró las llaves y salió.
La casa quedó sola y a los pocos segundos sonó el timbre y vibró el celular.

jueves, 21 de febrero de 2019

El nuevo mandato

Garnold se encontraba lejos, bien lejos de su casa. Sentía, porque tenía trabajo, porque estaba enamorado, porque lo podía decir, sentía, que estaba vivo.
Que la vida lo acariciaba. 
Tal fue así que Garnold perdió de vista el camino de vuelta, pues se dejó llevar por las ganas de seguir hacia delante con todo eso que ofrecía esta nueva vida. Tanto que en su interior se proyectaba una imagen de la vida que tapaba a la anterior vida y le echaba sombra para que no se vea. Garnold obviamente no la veía. 

Estaba en otro país, con otra gente, con otro amor, tan distinto al primero, a la familia, al sol y el cariño de la madre. Y los gritos de la madre, y el enajenamiento del padre, y el colegio obligado. Todo eso, estaba enterrado. Y el principal y único motivo, era conseguir dinero para seguir camino. Conseguir dinero haciendo Jueguitos con la pelota, así como él sabía. 
Garnold había desarrollado el oficio de lucirse en plazas y peatonales junto a un cartel que decía "1000 Jueguitos". Y hacía malabares con la pelota de fútbol para ganar dinero. 

¿Quién lo hubiera dicho? Garnold... 1000 Jueguitos... 
¿Lo tenés? 
Hacela... ¿Te sale? A que no te sale... 

Así comentaba la gente... 

Garnold sin embargo, más allá de sus jueguitos, buscaba otra cosa. Buscaba conocer personas.
Personas que se parezcan a las que ya conocía y que no estaban. Personas que eran un recuerdo, y en soledad, mientras caminaba hacia paisajes hermosos, aparecían en sus ideas...

-Tu vida Garnold, no es esta. De ninguna manera. Podés viajar, irte lejos, pero tarde o temprano tenés que volver. Sino te estás escapando... Es así, se nota... 
-Escaparme... Estoy viviendo en paz. ¿Qué querés?... Esa idea unilateral de tener una sola raíz en un solo lugar, que ni siquiera elegiste... Que eso gobierne tu vida, la mía la gobierno yo...
-Volvé Garnold. Te extrañamos...
-¿A dónde querés que vuelva? ¿A cagarme de calor, de frío y de hambre? ¿A escuchar los gritos? ¿A vivir solo? A los dos días de volver... Se van a aburrir de mis anécdotas y nos vamos a ver para el próximo cumpleaños recién... La gente te llama cuando no estás, pero cuando estás, te dejan para después. Entonces ¿Para qué? Acá estoy bien yo... Y si nos dejamos para después... Después nos vemos.
-Y bueno, si estás bien y no nos necesitás, desaparezco de tu memoria entonces...
-No eso nunca, por favor, nunca... Nunca desaparezcan de mi memoria... Después dije, después...

Y también una emoción lo atravesó esa noche. Una mujer que apareció en el circo del pueblo era de su barrio. Amiga de sus amigos. Conocida por conocer. Tendió ella la mano a Garnold que lo llevaría de vuelta a casa. 

Terminada la función, ella se acercó a Garnold y le dijo: 

-Garnold, tus amigos te quieren ver, me dijeron que te entregue esto. 

La conocida le dio un sobre que Garnold guardó con atención en su bolsillo derecho con cierre para que no se pierda.

-Gracias. ¿Todo bien por allá? 
-Todo bien, sí. No pierdas eso eh, cuidalo. 

Garnold despertó en su cama y fue a revisar los bolsillos de la campera desesperado. Allí no estaba. 
Lo perdió. Garnold miró la ventana a través del espejo y contempló su futuro. 
Volvería por haber perdido el sobre. 

Por más que el sobre contuviese un chiste, una foto, una simple carta con un saludo. Garnold debía volver para saber qué decía.
Ese fue el origen del nuevo mandato: volver.

martes, 12 de febrero de 2019

Propuestas superpuestas, ventajitas y consejos

2 Un favor por otro

Un día Garnold lavó los platos al final del asado. Mientras nadie lo veía, el lavó, pues así sintió que era justo.
Lavó los platos y no lo mencionó nunca, ni nadie lo notó jamás.

A los ojos de este juego llamado "Una mano lava la otra", esto fue un error.

Un viejo conocido de Garnold, cuyas historias juntos fueron apenas trascendentes en su infancia, lo llamó para proponerle un trato sin dinero de por medio.
Garnold haría jueguitos con la pelota (él es de los pocos que sabe hacer 1000 jueguitos con la pelota). Este viejo conocido le propuso de paga unos 10 kg de yerba mate orgánica, que él mismo trae de Misiones. Es para un show donde Garnold ganaría visibilidad con su habilidad.

"Además Garnold, vos sos muy bueno en lo que hacés, tenés que mostrarte más, esta es una oportunidad. Todo a pulmón claro, pero vas a ver que te va a traer trabajo y satisfacción con el tiempo."

Garnold se puso a practicar sus jueguitos pero apenas llegó a 30 ese día. Al atardecer, mientras tomaba un mate con una yerba que él mismo había comprado, reflexionó.

Ni me importa este tipo, ni me importa la yerba, ni me importa que me vean. Mi satisfacción y mi trabajo pues, qué sabrá este tipo de lo que a mí me va o me viene con eso. Sólo quiere mi energía.

Sólo quiere mi energía, se repitió Garnold.

Apenas vio uno de esos mensajes de 3 minutos decidió ya no volver a escucharlo.

3 Encuentro con la Anónima Veneciana.

-Cuando mi papá vino a Argentina en los años '50, yo era chica. Me aconsejó: "Cuando crezcas, si decidís quedarte en este país: no te asocies nunca, ni nunca trabajes bajo dependencia."
Y mientras mostraba uno de sus cuadros, señaló uno de sus animales que parecía que corría. El animal tenía algunos trazos que lo daban a entender, pero no todos.
Agregó: -Cuando tú crees que hice algo que en realidad no hice ¿Quién crees que lo hizo?-

Garnold se confundió con la repetición del verbo hacer. -¿Cómo?, dijo.

-Si yo no completo mi dibujo y vos lo ves completo y corriendo, ¿Quién crees que lo completó?

Garnold trató de ser inteligente pero no pudo.

-Pues tu imaginación, contestó la Anónima Veneciana.

4 La propuesta.

-Miércoles a la tarde estaré libre, comentó Garnold a su amor antes de dormir. Ningún amigo aceptó el paseo.
-¿Y yo? Dijo ella.
-No te propuse, dijo Garnold. Lo nuestro es ahora.

-La tarde del miércoles la voy a aprovechar para decir, sin importar quién escuche. Estoy dispuesto a darle mi corazón a la soledad. Sólo quiero prepararme bien para la ocasión.

-¿Por qué no me invitás? Insistió ella.

-La tarde del miércoles necesito soltar mi corazón sin reflejarse en un espejo humano. ¿Lo podés entender?

-Para mí, como siempre, me estás dejando de lado de tus momentos importantes.

-Puede ser, contestó Garnold. Quizás esté viviendo equivocado.

-¿Lo decís por mí?

Garnold no contestó, se dio vuelta y se echó a dormir.
No tolera responder cosas que ya respondió. No le encuentra sentido a explicar lo obvio.


miércoles, 23 de enero de 2019

La tierra también se apura

Garnold quita el barro que recubre la raíz. Se da cuenta que hay dos raíces, una de ellas muerta, la otra viva. Quita la raíz muerta, agarra la pala y corta la raíz viva de su planta. Uno, dos, tres palazos. Garnold está apurado. Debe colocar ahí mismo un poste de luz. La planta está muerta.

De noche, en un sillón tiene una revelación, se toca la cabeza porque le duele. 

En una vereda, corta una flor para oler y compartir.

Después de cenar, come una manzana y tira el corazón en la tierra. 

Garnold no siente culpa, él mismo es la tierra. Es su propia raíz la que mató en el apuro.

viernes, 18 de enero de 2019

Sensaciones

Ese día Garnold se había cansado de ser adulto.
Necesito jugar y nadie juega.
Garnold estaba en el micro y se iba bien lejos.
No es más que la muerte manoseando mi vida, se había dicho antes de pudrirse. Es el propio sacrificio de mí mismo para darme de comer, qué imbécil, ya caí.

Garnold se sentó en la orilla del río y comenzó a tirar piedras.
Lo apasiona golpear el agua.
Lo apasiona arrojar.
Lo apasiona seleccionar la piedra indicada.
Lo apasiona pararse y acercarse al borde y tirar sapito al ras de las olas y contar.

Tuvo un recuerdo de la infancia en el que su mamá lo mojaba con la manguera y después tomaba agua de ahí. Y otro en que compartía una guerra de bombuchas con las nenas en la colonia de vacaciones y sí, besó a escondidas y sintió la magia.
Tuvo un recuerdo en que estaba en la casa de su tía, en la pileta, y todos los adultos se pusieron nerviosos y empezaron a hablar en secreto e irse de a turnos porque así fue cuando murió su abuela.

Voy a ir a la playa, se dijo, voy a sacrificar lo necesario por eso.

-¿Cuál es el conflicto Garnold?- Pregunta el profesor.
-El conflicto soy yo mismo queriendo encajar en cualquier lado y no pudiendo.
-Ese no es el conflicto. ¿Alguien sabe cuál es el conflicto?
Dolga levantó la mano y dijo:
-El conflicto es que Garnold piensa mucho y como no va al psicólogo no lo resuelve.
-Ese no es el conflicto. ¿Alguien más?

-Profesor, no es su tarea decirme cómo vivir. Es su tarea mostrarme caminos.
-Garnold, no es personal. El conflicto del protagonista es importante en una historia. Vos tenés un deseo y que no puedas lograrlo es tu conflicto.
-¿Sabés cuál es tu deseo?
-Que te calles.
-¿Alguien sabe cuál es el deseo de Garnold?
Dolga levantó la mano y dijo:
-Que yo lo bese en la boca.
-Ese no es- Dijo inmediatamente Garnold.
-¿Alguien sabe el final feliz de esta película?- Agregó el profesor.

Dolga se paró y mientras todes la miraban caminar hacia Garnold, agarró fuerte su cara y lo besó en la boca con fuerza.

En este caso la protagonista es Dolga y no Garnold, porque Garnold no hizo nada por su deseo, acotó el profesor.

Garnold sintió que estaba vivo. Le gustó.

lunes, 15 de febrero de 2016

40 minutos de la vida de Garnold

Garnold se duchaba mientras dos de sus amigos tomaban mate en la estación de tren. Pronto se encontrarían.
Abrió la canilla caliente y se desvistió. Había olvidado que el jabón había quedado en la cocina, por lo que fue a buscarlo desnudo.
Acomodó la ropa sobre la tapa del inodoro y entró en la ducha. Estaba tan caliente que con mucho cuidado evitó que el agua toque cualquier parte que no sea el brazo.
Abrió la canilla fría a un punto justo que ya conocía y sin dudar, esperó unos segundos y se empapó por completo.
Terminó la limpieza de su cuerpo después de 20 minutos que pudieron haber sido 5 y se secó sin mojar el piso del baño.

Al encontrarse con sus amigos todos sonrieron. Porque no sólo la presencia de Garnold era alegría, sino también la coincidencia de que el tren,
que se estacionó con todo su sonido, trajo a Pelpa  para celebrar el reencuentro clásico del grupo.
Después de saludarse, estos que estaban sentados se montaron sus mochilas y decidieron caminar a otro sitio hermoso. La plaza.

¿Qué pasa?

Pelpa trae un plato amarillo.
Diego y Juan tienen hambre.
Garnold lleva en su riñonera lo suficiente como para comprar una Cindor.

¿Qué pasa?

Pelpa está vestido de azul.
Diego y Juan terminaron su termo mientras caminaban, y llevan galletitas en una mochila.
Garnold nunca estuvo ni podría haber estado preso. Hoy tampoco lo estaría.

¿Qué pasa?

Pelpa lleva consigo gran entusiasmo, trae bellas noticias.
Diego y Juan están cansados, aunque muy bien predispuestos.
Garnold se siente tan involucrado en el encuentro, como distraído de lo que se habla.

¿Qué pasa?

Pelpa necesita hacer lo que se propuso.
Diego y Juan harían lo que Pelpa quisiera, incluso aunque la propuesta los incomode.
Garnold también se entregaría a la situación aunque sintiéndose libre.

¿Qué pasa?

Pelpa mete la mano en las alforjas de su bicicleta.
Diego y Juan comparten el último sorbo de agua.
Garnold observa y decide ir a cargar la botella.

¿Qué pasa?

Pelpa saca una bolsa de alfajores vencidos.
Diego y Juan se incomodan y prueban un bocado.
Garnold apoya la botella en el piso y se niega.

lunes, 8 de febrero de 2016

Chascomús

Garnold otra vez en la orilla.
Se acerca y moja sus pies que se hunden en el barro.
Se sienta y al fin se acuesta.
El agua tapando sus orejas y su mirada fija en un árbol que se mece.
El contorno de las hojas dibujan y desdibujan siluetas de luz en el cielo que Garnold no quiere ver.
Sólo las hojas.
El agua seduce a su sien y el barro lo entierra y sumerge con la perseverancia del río.
Garnold no escucha sus pensamientos porque está atento a cada movimiento del río, del barro, del árbol.
De pronto el agua llega a su nariz y se retuerce en un espasmo parecido al estornudo.

martes, 28 de octubre de 2014

5. El delta

Garnold naturalmente en una balsa con Guille. Febrero en el Delta y algunas anécdotas que al final serían enseñanzas.
Los verdes y el marrón, y la humedad y el sol lo mantenían entretenido, aunque no lo suficiente como para quedarse quieto. "Después nos vemos" le aclaró a su amigo y desapareció.
Se tiró al río y nadó hasta la primera isla. Los mosquitos y el calor no le molestaron. Caminó entre yuyos y árboles, embarrándose los pies y levantando las rodillas por largo rato. Fascinado del camino se detenía de a instantes Garnold: como una canción caminaba. Pura aventura hasta que por fin la encontró. Profunda laguna escondida parecía querer decir algo entre tanto pastizal. Se encontró a sí mismo Garnold. Se sumergió y se tranquilizó, hasta que el agua quedó quieta primero, y después jugando a moverla lo más lenta posible. Se hundía, después salía, y volvía a entrar.
Garnold que aguantaba la respiración bajo el agua pensó:

¿Volaré si salto de un árbol?
Si convenzo al árbol, a la laguna y al cielo claro. Y a mí y a los mosquitos... Sí que puedo volar. Eso hacen los magos. El juego es creerle. Yo y todo lo que existe tiene que creer que puedo volar, sí que puedo, obvio que puedo.

¡Garnold! Un eco de mujer salió de entre los árboles. Garnold no quería responder a los gritos porque el agua estaba quieta y sus orejas sumergidas. ¿Qué? Dijo despacio con dos burbujas. ¡Mirá! Se escuchó y una ola inexplicable le llenó la cara de agua. ¿¡Qué te pasa!? Se paró y miró para todos lados. No había nadie. Tss, se frunció enojado y se sumergió de nuevo. Estoy jugando dijo la voz, y Garnold sintió burbujas en los pies. Sonrió. Se puso chino. Con paz dijo, dejame, estoy flotando. Sintió burbujas en la nuca. Dale dejame, dijo otra vez. y una ola suave lo acarició.

lunes, 27 de octubre de 2014

6. Fok

Se hizo de noche. Los sonidos se quedaron con todo. Sapos, búos, ranas, chicharras ¿Dónde estaban? El mundo era azul oscuro y blanco. La luna amarilla como un queso. Y las estrellas cómplices, cedían al protagonismo de la luna redonda, esta vez, llena. Garnold sin demasiado frío, fresco, salió del agua libre. No pensaría en Guille en toda la noche. No. Hoy no me importa nadie más que esta isla. No le avisaste nada, pensó. Hoy no me ato, se dijo y se desentendió.
Sonreía Garnold. Tramaba un fuego, tenía encendedor en su mochila, en la orilla. Y buscaba ramas a la luz de la luna. Uy, esta va. Esta. Crack, rompía, agrupaba y transportaba.
Voy a hacer el fuego más grande de la historia de esta isla. Voy a convencer al río de que puedo volar. Al río y a todo lo que existe. Y le voy a agradecer a la luna por su luz y recordarle que es hermosa. Quiero que todos nos sintamos bien. Quiero que toda la isla esté de acuerdo en la alegría que va a acarrear este este fuego. Se viene, amigos, gritó, el FOK.
¿Vos querés? Le dijo a un árbol. Ey, se inclinó hacia una rana, ¿Fok? Vengan todos, vengan, están todos invitados a presenciar la luz, el calor, la isla, ¡El fuego!

Fuh-, arrancó. Ojos bien abiertos de fuego. 
¡FOK! ¡Este es! ¡Este mismo es! ¡Mirad! Si no hay otra cosa para ver. Es de día otra vez, el infierno nos unió. Y los árboles se sacudían con un nuevo viento que alababa al fuego naranja. Y los animales, que asustados se iban, volvían con los gritos de Garnold que lo dirigía todo. Fuego pensaba Garnold, y ponía más leña.  Fuego, y cocinaba un guiso. No hay mejor agradecimiento que una buena cocción. Compartía lo poco que había con sus manos negras, y los animales se acercaban tímidos. De a poco, el ambiente se hizo fiesta. La naturaleza entendió que Garnold no quería lastimar.
Se subió a un árbol, a una copa que estaba a la altura de la fogata. Y mientras los animales comían las sobras, el admiraba todo. Garnold debía volar esa noche.
Amigos, gritó como ave, presten atención, la intensidad del hombre vibra tanto que inventa, la razón de la naturaleza nos da lugar, hoy la alegría cumplirá un deseo. Espero sepan contemplarlo, y saltó por encima del fuego, hacia la laguna. Anaranjado Garnold por el aire sentía una dignidad eterna. Esto es, festejaba. Sí.

domingo, 26 de octubre de 2014

7. Las consecuencias del fuego

Al otro día Garnold despertó en la balsa. Se despertó del sol que lo quemaba con una remera en la cara. Su último sueño había sido muy lento, eso solo recordó y estaba feliz.
Era domingo otra vez, como todos los días últimamente. Guille ya había despertado, estaba en el muelle, con los pies en el agua tomando té en la sombra, y con el repelente que Garnold no se había puesto aún.
PLAF, mató un mosquito Garnold,  PLAC, otro. PLAC, y se tiró al agua.
Recién volvió a tomar aire a los pies de Guille que lo miró y le dijo: ¿Qué hiciste anoche? Había preparado fideos pensando que venías. Garnold dudó. Eh, fui a pasear, nadé... Después comí y me eché a dormir...
-Se quedaron callados. -
Ah, dijo Guille que entendió la mentira. Dicen que hubo un incendio.
Garnold se asombró y se fue sin dar ninguna explicación.

Nadó mirando el cielo hasta llegar a la soledad que lo dejó ser.
¿Qué sentido tiene? No lo entendería, se dijo, no podría compartirlo con ninguna persona.
Garnold se sentó en la orilla y se miró en el reflejo del agua. Una reflexión lo entristeció.
Yo volé, eso fue así...
¿Será que sólo vale para mí? ¿Que nadie jamás va entenderlo? Miró al horizonte porque no tenía la respuesta.
Unas burbujas salieron del agua y lo desconcentraron de su tristeza. Se vio a sí mismo en el agua y se sumergió en su cara.

domingo, 6 de abril de 2014

A veces el ruido

Algunas cosas deberían ser menos pensadas, pensaba Garnold.
Estaban todos en ronda en el quincho tomando cervezas, justo al lado de la pileta. Y Garnold se estaba deleitando con unos maníes. Mientras terminaba de masticar y se chupaba los dedos, fluía e instintivamente sintió que la próxima acción sería servirse otro vaso. Instantes después miró a sus amigos que hablaban entre ellos y buscó en sus manos, la cerveza. No la encontró sino en la mesa con lo que se inclinó por agarrarla sin preguntar y servirse el nuevo vaso. Al terminar de servirlo levantó una vez más la cabeza y miró a todos. Nadie lo vio así que dejó la cerveza donde estaba y empezó a tomar.
Estaba helada y era verano. Una noche de verano. Para ese momento Garnold estaba bastante cansado pero no se lo había dicho a nadie. Había tenido un agotador día de estudios y había caminado mucho también. Pero dado el viernes como día de encuentro social, Garnold dejó de lado sus deseos de dormir y se dedicó a hacer lo que su grupo pedía. Mientras tomaba sentía ruido. Sus amigos hablaban a los gritos y se reían fuerte. Había una competencia de risas implícita y una competencia de modismos graciosos. Ninguno era actor ni consciente de esa competencia, pero Garnold desde su silencio y cansancio no lo pudo ver de otra manera. Algunos después de cada chiste golpeaban la mesa, otros festejaban alterando su voz. Algunos se sorprendían de manera forzada. Y todo en un desivel insoportable. Por momentos hablaban de sexo pero gran parte del tiempo lo dedicaban a hablar de los recuerdos de sus recientes vacaciones. Al mismo tiempo había música en la computadora y nadie la escuchaba. Garnold estaba agobiado de tanto griterío. Sentía que para poder estar así debía inyectarse una dosis de euforia y testosterona. O no sé, pensaba.  Lo único que decidió hacer fue levantarse y apagar la música.
Cuando se paró lo miraron todos y uno le dijo. "Eh amargo, estamos escuchando". Garnold lo miró y le dijo, me hace mal el ruido. O escuchamos música o nos escuchamos nosotros le dijo. Y el amigo, sin responderle, se volvió a concentrar en su presente monólogo. Gritando decía "Y así como estábamos, los
cuatro adentro del remís nos miramos y dijimos ¡¿Qué?! No podía ser real. No podía. El chabón era igual a Michael Jackson." Y se reían todos con sus modos distintos. Garnold no podía reírse. Intentaba pero no podía. Ese parecía ser su modo. Miró el celular y era la 1:30  recién. ¿Y?, ¿Arrancamo? Se escuchaba por ahí. Garnold no podía más. Le preguntó a su amigo, el dueño de la casa, si podía quedarse a dormir. Le respondió que sí y se fue a la cama.
Mejor ni pensar en estas cosas, se obligó. Y se durmió borracho.

domingo, 30 de marzo de 2014

Buenas ideas

Y esa noche Garnold, agobiado ya por sus estudios, se acostó en la reposera de su casa y dejó que el viento lo haga sentir natural. El cielo estaba nublado, violeta por Buenos Aires, y Garnold pensaba en las ideas trascendentes, en la inspiración, y se contaba a sí mismo su modo llegar a ellas. Pensaba como si lo hubiese pensado antes, o como si supiera lo que estaba diciendo.
Lo primero que hago es nutrir mi cerebro. Me junto con un amigo que no veía hacía tiempo y salgo a caminar con él. Algo así. De algo seguro charlamos. Y si no, algún sedimento de mi inconsciente sí o sí se remueve. Esa es la idea. Después, lo que busco es encontrarme en una situación donde quiera escuchar música: puede ser cualquiera, viajar en bondi, bajar del tren, o bien, otra que me sirve mucho es pararme y caminar después de haberme sentado. Para ese momento estoy feliz, con mi mp3 en el bolsillo, con mi nube de charla agradable, y con todas mis ganas de escuchar música. Eso me da poder. Mucho poder, porque esas ganas, que son mi único deseo, están a punto de hacerse realidad. Y nada salvo mí mismo puede impedir eso. Con ese deseo tan fuerte y esa seguridad, lo que hago es olvidarme del mp3 y empezar a pensar.
Siempre cambian los pensamientos ¿No?, pero siempre me termino yendo a ellos. A escucharlos. Esa situación es perfecta para eso. Ubicado en la más alta montaña de mi mundo puedo ver a esa charla como un recuerdo que viaja, a mis sentimientos como agua, a las dudas reinvtándose solas, cambiando de estado. Veo ideas volando que no se dejan ver... Esfumadas. Tengo también viejas creencias que le dan color al lugar. Otras que le dan consistencia, Y algunas que son como personas. Hay cosas lógicas que derivan de otras, y otras completamente descolocadas, inverosímiles. Algunas cosas están estáticas, para verlas, y otras cantadas como una película. No todo es certero, y no todo está analizado, simplemente está como una mancha en una hoja. Y con ella creo, empiezo a calcarle algunas partes, otras  modificarlas un poco. Algunas elijo sólamente dejarlas ahí, como silencios de reflexión. Y de la reflexión también me desconcentro y miro mi cielo. Cada tanto cae una estrella con forma abstracta. Eso lo dibujé el otro día pienso. Y por el otro lado pasa una nave, dibujada también. Y así estoy un rato, hasta que me molesta el viento y me dan ganas de bajar a compartir lo que viví. No sé por qué miraré tanto el cielo cuando estoy en la cima, por ahí me da vértigo el poder. Pero lo importante no es eso, sino que estoy en mi mundo, solo, y en mi montaña.Y ahí nacen mis ideas importantes, las que definen mi sendero.

jueves, 18 de abril de 2013

La lapicera preferida

Hubieron 6 días de una semana en los que Garnold pensaba cada tanto dónde había dejado su lapicera. El día 5 se había dicho a sí mismo: ¡la perdí! y el día 6, sin pensar, la encontró en la oficina de su papá. Ah mirá, se dijo, y se sintió bien por haberla encontrado. Era su lapicera preferida, aunque últimamente no la usaba mucho. La usaba tan poco que cuando la encontró: no la agarró.
El día 7 necesitaba la lapicera y no la encontraba. ¿Dónde pude haberla dejado? Pensaba. Porque estaba casi seguro de que estaba en su casa. ¡Yo la vi! decía insultando...Y la lapicera no aparecía.
El día 10 apareció en su cuarto. Su mamá la había dejado en la mesa, medio escondida.
Le confesó al marido: el día 8 la vi en la oficina y supe que no la encontraría. No pensé en dársela, ni en dejársela en la mesa. La escondí un poco, para que él sienta que encontrarla fue mérito suyo. O de su azar.
Manipulaste su azar, sintetizó el papá de Garnold.
Y Garnold,
¡Ah, acá la había visto! Y concluía (sin saber nada de lo de su mamá), qué cosa eso de que a veces me obsesiono tanto por ciertas preguntas que olvido que tengo las respuestas.