Garnold tocó el timbre de una casa y se alejó unos pasos. En su incómoda manera de esperar, yendo y viniendo por la vereda, se notaba que no estaba seguro de haber tocado ese timbre. De reojo, supo ver que lo habían visto desde adentro. Más incómodo aún, se hizo el que no vio y se alejó un poco más.
Garnold se preparó para que no le abran. Era muy extraña su presencia en la casa de su viejo amigo de la infancia. No habían sido tan amigos siquiera, ni tampoco tenía un motivo para reencontrarse con él.
En un impulso, como si el tiempo no hubiera pasado, tocó el timbre de su casa para invitarlo a jugar.
Se abrió la puerta y su amigo, con la mirada de un alma cercana, cuestionó el encuentro frunciendo el ceño. Garnold no supo dar otra explicación más que levantar la ceja sorprendido y tímido. Su amigo le sonrió y lo saludó para romper el hielo.
-¿Pasó algo?
-No... Sólo pasé por acá y se me ocurrió tocarte el timbre, no tengo tu número... Sino te escribía...
-Está bien... ¿Querés pasar?
-No, no... Si querés caminamos un poco...
...
...Muchos años que no nos vemos... ¿Cómo andás?
Juntos se sintieron bien por haberse encontrado, pese a lo forzosa de la situación.
Caminaron abrazados hasta la esquina apenas se sintieron cómodos.
-Bien, bien. Vi eso que estás actuando de Shakespeare...
-¿Fuiste a verme?
-Sí, fui la semana pasada, la pasé muy bien.
-Mirá vos, yo pensé que hacía años no nos veíamos... Ni siquiera sé por qué te toqué el timbre. Será que nos vimos ahí y me acordé en el inconsciente.
-Debe ser, yo apenas vi tu cartel viajé en el tiempo... Me acordé cuando salíamos a cazar mariposas con los envases de plástico recortados. ¿Te acordás? Que le poníamos un palito...
Garnold tenía un profundo nudo en la garganta. Estaba muy conmovido de ver a su viejo amigo. Sentía que esas emociones de su infancia no habían sido borradas, no habían sido solo suyas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario