jueves, 21 de febrero de 2019

El nuevo mandato

Garnold se encontraba lejos, bien lejos de su casa. Sentía, porque tenía trabajo, porque estaba enamorado, porque lo podía decir, sentía, que estaba vivo.
Que la vida lo acariciaba. 
Tal fue así que Garnold perdió de vista el camino de vuelta, pues se dejó llevar por las ganas de seguir hacia delante con todo eso que ofrecía esta nueva vida. Tanto que en su interior se proyectaba una imagen de la vida que tapaba a la anterior vida y le echaba sombra para que no se vea. Garnold obviamente no la veía. 

Estaba en otro país, con otra gente, con otro amor, tan distinto al primero, a la familia, al sol y el cariño de la madre. Y los gritos de la madre, y el enajenamiento del padre, y el colegio obligado. Todo eso, estaba enterrado. Y el principal y único motivo, era conseguir dinero para seguir camino. Conseguir dinero haciendo Jueguitos con la pelota, así como él sabía. 
Garnold había desarrollado el oficio de lucirse en plazas y peatonales junto a un cartel que decía "1000 Jueguitos". Y hacía malabares con la pelota de fútbol para ganar dinero. 

¿Quién lo hubiera dicho? Garnold... 1000 Jueguitos... 
¿Lo tenés? 
Hacela... ¿Te sale? A que no te sale... 

Así comentaba la gente... 

Garnold sin embargo, más allá de sus jueguitos, buscaba otra cosa. Buscaba conocer personas.
Personas que se parezcan a las que ya conocía y que no estaban. Personas que eran un recuerdo, y en soledad, mientras caminaba hacia paisajes hermosos, aparecían en sus ideas...

-Tu vida Garnold, no es esta. De ninguna manera. Podés viajar, irte lejos, pero tarde o temprano tenés que volver. Sino te estás escapando... Es así, se nota... 
-Escaparme... Estoy viviendo en paz. ¿Qué querés?... Esa idea unilateral de tener una sola raíz en un solo lugar, que ni siquiera elegiste... Que eso gobierne tu vida, la mía la gobierno yo...
-Volvé Garnold. Te extrañamos...
-¿A dónde querés que vuelva? ¿A cagarme de calor, de frío y de hambre? ¿A escuchar los gritos? ¿A vivir solo? A los dos días de volver... Se van a aburrir de mis anécdotas y nos vamos a ver para el próximo cumpleaños recién... La gente te llama cuando no estás, pero cuando estás, te dejan para después. Entonces ¿Para qué? Acá estoy bien yo... Y si nos dejamos para después... Después nos vemos.
-Y bueno, si estás bien y no nos necesitás, desaparezco de tu memoria entonces...
-No eso nunca, por favor, nunca... Nunca desaparezcan de mi memoria... Después dije, después...

Y también una emoción lo atravesó esa noche. Una mujer que apareció en el circo del pueblo era de su barrio. Amiga de sus amigos. Conocida por conocer. Tendió ella la mano a Garnold que lo llevaría de vuelta a casa. 

Terminada la función, ella se acercó a Garnold y le dijo: 

-Garnold, tus amigos te quieren ver, me dijeron que te entregue esto. 

La conocida le dio un sobre que Garnold guardó con atención en su bolsillo derecho con cierre para que no se pierda.

-Gracias. ¿Todo bien por allá? 
-Todo bien, sí. No pierdas eso eh, cuidalo. 

Garnold despertó en su cama y fue a revisar los bolsillos de la campera desesperado. Allí no estaba. 
Lo perdió. Garnold miró la ventana a través del espejo y contempló su futuro. 
Volvería por haber perdido el sobre. 

Por más que el sobre contuviese un chiste, una foto, una simple carta con un saludo. Garnold debía volver para saber qué decía.
Ese fue el origen del nuevo mandato: volver.

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