Garnold despertó temprano y preparó un mate.
Se sentó en la mesa y comenzó a dibujar.
Mientras dibujaba recordó poner música. Al rato le dio pausa y se volvió al dibujo. Lo miró con el ceño fruncido.
Esto puede llegar a arruinarme la existencia, dijo Garnold.
El dibujo no se entendía.
Son distintas mujeres, pero la fantasía obsesiva siempre es la misma, agregó.
Garnold dejó el dibujo sobre la mesa, se acercó a la ventana y tomó un mate preocupado por su futuro.
Aparece una mujer hermosa y se posa en mis ideas como si fuera la comandante.
No la conozco. Es decir, nunca interactuamos, sólo la vi una vez y me pareció todo esto hermoso que imagino. Y de pronto todas mis decisiones cambian... Esto es muy peligroso.
Yo me dejo porque es mí ser que fluye, pero realmente no entiendo bien a dónde voy. Quizás sea mi mejor intento a acercarme a ella. Y todas mis voluntades tienden a eso. ¿Alguien cree que eso es el amor?
Me gustaría creer que no, que el amor se hace de a dos. Pero esto que cuento pasa. Me pasa y me pasa siempre.
Y después... Después viene lo terrible. Por esa suerte que tengo, mi fantasía se hace realidad y ella se acerca. Esto es demasiado peligroso. No solo gobernó todas mis voluntades para acercarme a ella. Sino que ahora, puede hacer conmigo lo que ella quiera. ¿Y si no me cuida? ¿Si no me ama?
Si quiere, me elimina.
Esto puede llegar a arruinarme la existencia, volvió a reflexionar Garnold.
Garnold tomó dos mates sucesivamente, agarró las llaves y salió.
La casa quedó sola y a los pocos segundos sonó el timbre y vibró el celular.
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