2 Un favor por otro
Un día Garnold lavó los platos al final del asado. Mientras nadie lo veía, el lavó, pues así sintió que era justo.
Lavó los platos y no lo mencionó nunca, ni nadie lo notó jamás.
A los ojos de este juego llamado "Una mano lava la otra", esto fue un error.
Un viejo conocido de Garnold, cuyas historias juntos fueron apenas trascendentes en su infancia, lo llamó para proponerle un trato sin dinero de por medio.
Garnold haría jueguitos con la pelota (él es de los pocos que sabe hacer 1000 jueguitos con la pelota). Este viejo conocido le propuso de paga unos 10 kg de yerba mate orgánica, que él mismo trae de Misiones. Es para un show donde Garnold ganaría visibilidad con su habilidad.
"Además Garnold, vos sos muy bueno en lo que hacés, tenés que mostrarte más, esta es una oportunidad. Todo a pulmón claro, pero vas a ver que te va a traer trabajo y satisfacción con el tiempo."
Garnold se puso a practicar sus jueguitos pero apenas llegó a 30 ese día. Al atardecer, mientras tomaba un mate con una yerba que él mismo había comprado, reflexionó.
Ni me importa este tipo, ni me importa la yerba, ni me importa que me vean. Mi satisfacción y mi trabajo pues, qué sabrá este tipo de lo que a mí me va o me viene con eso. Sólo quiere mi energía.
Sólo quiere mi energía, se repitió Garnold.
Apenas vio uno de esos mensajes de 3 minutos decidió ya no volver a escucharlo.
3 Encuentro con la Anónima Veneciana.
-Cuando mi papá vino a Argentina en los años '50, yo era chica. Me aconsejó: "Cuando crezcas, si decidís quedarte en este país: no te asocies nunca, ni nunca trabajes bajo dependencia."
Y mientras mostraba uno de sus cuadros, señaló uno de sus animales que parecía que corría. El animal tenía algunos trazos que lo daban a entender, pero no todos.
Agregó: -Cuando tú crees que hice algo que en realidad no hice ¿Quién crees que lo hizo?-
Garnold se confundió con la repetición del verbo hacer. -¿Cómo?, dijo.
-Si yo no completo mi dibujo y vos lo ves completo y corriendo, ¿Quién crees que lo completó?
Garnold trató de ser inteligente pero no pudo.
-Pues tu imaginación, contestó la Anónima Veneciana.
4 La propuesta.
-Miércoles a la tarde estaré libre, comentó Garnold a su amor antes de dormir. Ningún amigo aceptó el paseo.
-¿Y yo? Dijo ella.
-No te propuse, dijo Garnold. Lo nuestro es ahora.
-La tarde del miércoles la voy a aprovechar para decir, sin importar quién escuche. Estoy dispuesto a darle mi corazón a la soledad. Sólo quiero prepararme bien para la ocasión.
-¿Por qué no me invitás? Insistió ella.
-La tarde del miércoles necesito soltar mi corazón sin reflejarse en un espejo humano. ¿Lo podés entender?
-Para mí, como siempre, me estás dejando de lado de tus momentos importantes.
-Puede ser, contestó Garnold. Quizás esté viviendo equivocado.
-¿Lo decís por mí?
Garnold no contestó, se dio vuelta y se echó a dormir.
No tolera responder cosas que ya respondió. No le encuentra sentido a explicar lo obvio.
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