lunes, 15 de febrero de 2016

40 minutos de la vida de Garnold

Garnold se duchaba mientras dos de sus amigos tomaban mate en la estación de tren. Pronto se encontrarían.
Abrió la canilla caliente y se desvistió. Había olvidado que el jabón había quedado en la cocina, por lo que fue a buscarlo desnudo.
Acomodó la ropa sobre la tapa del inodoro y entró en la ducha. Estaba tan caliente que con mucho cuidado evitó que el agua toque cualquier parte que no sea el brazo.
Abrió la canilla fría a un punto justo que ya conocía y sin dudar, esperó unos segundos y se empapó por completo.
Terminó la limpieza de su cuerpo después de 20 minutos que pudieron haber sido 5 y se secó sin mojar el piso del baño.

Al encontrarse con sus amigos todos sonrieron. Porque no sólo la presencia de Garnold era alegría, sino también la coincidencia de que el tren,
que se estacionó con todo su sonido, trajo a Pelpa  para celebrar el reencuentro clásico del grupo.
Después de saludarse, estos que estaban sentados se montaron sus mochilas y decidieron caminar a otro sitio hermoso. La plaza.

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