martes, 28 de octubre de 2014

5. El delta

Garnold naturalmente en una balsa con Guille. Febrero en el Delta y algunas anécdotas que al final serían enseñanzas.
Los verdes y el marrón, y la humedad y el sol lo mantenían entretenido, aunque no lo suficiente como para quedarse quieto. "Después nos vemos" le aclaró a su amigo y desapareció.
Se tiró al río y nadó hasta la primera isla. Los mosquitos y el calor no le molestaron. Caminó entre yuyos y árboles, embarrándose los pies y levantando las rodillas por largo rato. Fascinado del camino se detenía de a instantes Garnold: como una canción caminaba. Pura aventura hasta que por fin la encontró. Profunda laguna escondida parecía querer decir algo entre tanto pastizal. Se encontró a sí mismo Garnold. Se sumergió y se tranquilizó, hasta que el agua quedó quieta primero, y después jugando a moverla lo más lenta posible. Se hundía, después salía, y volvía a entrar.
Garnold que aguantaba la respiración bajo el agua pensó:

¿Volaré si salto de un árbol?
Si convenzo al árbol, a la laguna y al cielo claro. Y a mí y a los mosquitos... Sí que puedo volar. Eso hacen los magos. El juego es creerle. Yo y todo lo que existe tiene que creer que puedo volar, sí que puedo, obvio que puedo.

¡Garnold! Un eco de mujer salió de entre los árboles. Garnold no quería responder a los gritos porque el agua estaba quieta y sus orejas sumergidas. ¿Qué? Dijo despacio con dos burbujas. ¡Mirá! Se escuchó y una ola inexplicable le llenó la cara de agua. ¿¡Qué te pasa!? Se paró y miró para todos lados. No había nadie. Tss, se frunció enojado y se sumergió de nuevo. Estoy jugando dijo la voz, y Garnold sintió burbujas en los pies. Sonrió. Se puso chino. Con paz dijo, dejame, estoy flotando. Sintió burbujas en la nuca. Dale dejame, dijo otra vez. y una ola suave lo acarició.

lunes, 27 de octubre de 2014

6. Fok

Se hizo de noche. Los sonidos se quedaron con todo. Sapos, búos, ranas, chicharras ¿Dónde estaban? El mundo era azul oscuro y blanco. La luna amarilla como un queso. Y las estrellas cómplices, cedían al protagonismo de la luna redonda, esta vez, llena. Garnold sin demasiado frío, fresco, salió del agua libre. No pensaría en Guille en toda la noche. No. Hoy no me importa nadie más que esta isla. No le avisaste nada, pensó. Hoy no me ato, se dijo y se desentendió.
Sonreía Garnold. Tramaba un fuego, tenía encendedor en su mochila, en la orilla. Y buscaba ramas a la luz de la luna. Uy, esta va. Esta. Crack, rompía, agrupaba y transportaba.
Voy a hacer el fuego más grande de la historia de esta isla. Voy a convencer al río de que puedo volar. Al río y a todo lo que existe. Y le voy a agradecer a la luna por su luz y recordarle que es hermosa. Quiero que todos nos sintamos bien. Quiero que toda la isla esté de acuerdo en la alegría que va a acarrear este este fuego. Se viene, amigos, gritó, el FOK.
¿Vos querés? Le dijo a un árbol. Ey, se inclinó hacia una rana, ¿Fok? Vengan todos, vengan, están todos invitados a presenciar la luz, el calor, la isla, ¡El fuego!

Fuh-, arrancó. Ojos bien abiertos de fuego. 
¡FOK! ¡Este es! ¡Este mismo es! ¡Mirad! Si no hay otra cosa para ver. Es de día otra vez, el infierno nos unió. Y los árboles se sacudían con un nuevo viento que alababa al fuego naranja. Y los animales, que asustados se iban, volvían con los gritos de Garnold que lo dirigía todo. Fuego pensaba Garnold, y ponía más leña.  Fuego, y cocinaba un guiso. No hay mejor agradecimiento que una buena cocción. Compartía lo poco que había con sus manos negras, y los animales se acercaban tímidos. De a poco, el ambiente se hizo fiesta. La naturaleza entendió que Garnold no quería lastimar.
Se subió a un árbol, a una copa que estaba a la altura de la fogata. Y mientras los animales comían las sobras, el admiraba todo. Garnold debía volar esa noche.
Amigos, gritó como ave, presten atención, la intensidad del hombre vibra tanto que inventa, la razón de la naturaleza nos da lugar, hoy la alegría cumplirá un deseo. Espero sepan contemplarlo, y saltó por encima del fuego, hacia la laguna. Anaranjado Garnold por el aire sentía una dignidad eterna. Esto es, festejaba. Sí.

domingo, 26 de octubre de 2014

7. Las consecuencias del fuego

Al otro día Garnold despertó en la balsa. Se despertó del sol que lo quemaba con una remera en la cara. Su último sueño había sido muy lento, eso solo recordó y estaba feliz.
Era domingo otra vez, como todos los días últimamente. Guille ya había despertado, estaba en el muelle, con los pies en el agua tomando té en la sombra, y con el repelente que Garnold no se había puesto aún.
PLAF, mató un mosquito Garnold,  PLAC, otro. PLAC, y se tiró al agua.
Recién volvió a tomar aire a los pies de Guille que lo miró y le dijo: ¿Qué hiciste anoche? Había preparado fideos pensando que venías. Garnold dudó. Eh, fui a pasear, nadé... Después comí y me eché a dormir...
-Se quedaron callados. -
Ah, dijo Guille que entendió la mentira. Dicen que hubo un incendio.
Garnold se asombró y se fue sin dar ninguna explicación.

Nadó mirando el cielo hasta llegar a la soledad que lo dejó ser.
¿Qué sentido tiene? No lo entendería, se dijo, no podría compartirlo con ninguna persona.
Garnold se sentó en la orilla y se miró en el reflejo del agua. Una reflexión lo entristeció.
Yo volé, eso fue así...
¿Será que sólo vale para mí? ¿Que nadie jamás va entenderlo? Miró al horizonte porque no tenía la respuesta.
Unas burbujas salieron del agua y lo desconcentraron de su tristeza. Se vio a sí mismo en el agua y se sumergió en su cara.