Garnold naturalmente en una balsa con Guille. Febrero en el Delta y algunas anécdotas que al final serían enseñanzas.
Los verdes y el marrón, y la humedad y el sol lo mantenían entretenido, aunque no lo suficiente como para quedarse quieto. "Después nos vemos" le aclaró a su amigo y desapareció.
Se tiró al río y nadó hasta la primera isla. Los mosquitos y el calor no le molestaron. Caminó entre yuyos y árboles, embarrándose los pies y levantando las rodillas por largo rato. Fascinado del camino se detenía de a instantes Garnold: como una canción caminaba. Pura aventura hasta que por fin la encontró. Profunda laguna escondida parecía querer decir algo entre tanto pastizal. Se encontró a sí mismo Garnold. Se sumergió y se tranquilizó, hasta que el agua quedó quieta primero, y después jugando a moverla lo más lenta posible. Se hundía, después salía, y volvía a entrar.
Garnold que aguantaba la respiración bajo el agua pensó:
¿Volaré si salto de un árbol?
Si convenzo al árbol, a la laguna y al cielo claro. Y a mí y a los mosquitos... Sí que puedo volar. Eso hacen los magos. El juego es creerle. Yo y todo lo que existe tiene que creer que puedo volar, sí que puedo, obvio que puedo.
¡Garnold! Un eco de mujer salió de entre los árboles. Garnold no quería responder a los gritos porque el agua estaba quieta y sus orejas sumergidas. ¿Qué? Dijo despacio con dos burbujas. ¡Mirá! Se escuchó y una ola inexplicable le llenó la cara de agua. ¿¡Qué te pasa!? Se paró y miró para todos lados. No había nadie. Tss, se frunció enojado y se sumergió de nuevo. Estoy jugando dijo la voz, y Garnold sintió burbujas en los pies. Sonrió. Se puso chino. Con paz dijo, dejame, estoy flotando. Sintió burbujas en la nuca. Dale dejame, dijo otra vez. y una ola suave lo acarició.
martes, 28 de octubre de 2014
lunes, 27 de octubre de 2014
6. Fok
Se hizo de noche. Los sonidos se quedaron con todo. Sapos, búos, ranas, chicharras ¿Dónde estaban? El mundo era azul oscuro y blanco. La luna amarilla como un queso. Y las estrellas cómplices, cedían al protagonismo de la luna redonda, esta vez, llena. Garnold sin demasiado frío, fresco, salió del agua libre. No pensaría en Guille en toda la noche. No. Hoy no me importa nadie más que esta isla. No le avisaste nada, pensó. Hoy no me ato, se dijo y se desentendió.
Sonreía Garnold. Tramaba un fuego, tenía encendedor en su mochila, en la orilla. Y buscaba ramas a la luz de la luna. Uy, esta va. Esta. Crack, rompía, agrupaba y transportaba.
Voy a hacer el fuego más grande de la historia de esta isla. Voy a convencer al río de que puedo volar. Al río y a todo lo que existe. Y le voy a agradecer a la luna por su luz y recordarle que es hermosa. Quiero que todos nos sintamos bien. Quiero que toda la isla esté de acuerdo en la alegría que va a acarrear este este fuego. Se viene, amigos, gritó, el FOK.
Voy a hacer el fuego más grande de la historia de esta isla. Voy a convencer al río de que puedo volar. Al río y a todo lo que existe. Y le voy a agradecer a la luna por su luz y recordarle que es hermosa. Quiero que todos nos sintamos bien. Quiero que toda la isla esté de acuerdo en la alegría que va a acarrear este este fuego. Se viene, amigos, gritó, el FOK.
¿Vos querés? Le dijo a un árbol. Ey, se inclinó hacia una rana, ¿Fok? Vengan todos, vengan, están todos invitados a presenciar la luz, el calor, la isla, ¡El fuego!
Fuh-, arrancó. Ojos bien abiertos de fuego.
¡FOK! ¡Este es! ¡Este mismo es! ¡Mirad! Si no hay otra cosa para ver. Es de día otra vez, el infierno nos unió. Y los árboles se sacudían con un nuevo viento que alababa al fuego naranja. Y los animales, que asustados se iban, volvían con los gritos de Garnold que lo dirigía todo. Fuego pensaba Garnold, y ponía más leña. Fuego, y cocinaba un guiso. No hay mejor agradecimiento que una buena cocción. Compartía lo poco que había con sus manos negras, y los animales se acercaban tímidos. De a poco, el ambiente se hizo fiesta. La naturaleza entendió que Garnold no quería lastimar.
Se subió a un árbol, a una copa que estaba a la altura de la fogata. Y mientras los animales comían las sobras, el admiraba todo. Garnold debía volar esa noche.
Amigos, gritó como ave, presten atención, la intensidad del hombre vibra tanto que inventa, la razón de la naturaleza nos da lugar, hoy la alegría cumplirá un deseo. Espero sepan contemplarlo, y saltó por encima del fuego, hacia la laguna. Anaranjado Garnold por el aire sentía una dignidad eterna. Esto es, festejaba. Sí.
Se subió a un árbol, a una copa que estaba a la altura de la fogata. Y mientras los animales comían las sobras, el admiraba todo. Garnold debía volar esa noche.
Amigos, gritó como ave, presten atención, la intensidad del hombre vibra tanto que inventa, la razón de la naturaleza nos da lugar, hoy la alegría cumplirá un deseo. Espero sepan contemplarlo, y saltó por encima del fuego, hacia la laguna. Anaranjado Garnold por el aire sentía una dignidad eterna. Esto es, festejaba. Sí.
domingo, 26 de octubre de 2014
7. Las consecuencias del fuego
Al otro día Garnold despertó en la balsa. Se despertó del sol que lo quemaba con una remera en la cara. Su último sueño había sido muy lento, eso solo recordó y estaba feliz.
Era domingo otra vez, como todos los días últimamente. Guille ya había despertado, estaba en el muelle, con los pies en el agua tomando té en la sombra, y con el repelente que Garnold no se había puesto aún.
PLAF, mató un mosquito Garnold, PLAC, otro. PLAC, y se tiró al agua.
Recién volvió a tomar aire a los pies de Guille que lo miró y le dijo: ¿Qué hiciste anoche? Había preparado fideos pensando que venías. Garnold dudó. Eh, fui a pasear, nadé... Después comí y me eché a dormir...
-Se quedaron callados. -
Ah, dijo Guille que entendió la mentira. Dicen que hubo un incendio.
Garnold se asombró y se fue sin dar ninguna explicación.
Nadó mirando el cielo hasta llegar a la soledad que lo dejó ser.
¿Qué sentido tiene? No lo entendería, se dijo, no podría compartirlo con ninguna persona.
Garnold se sentó en la orilla y se miró en el reflejo del agua. Una reflexión lo entristeció.
Yo volé, eso fue así...
¿Será que sólo vale para mí? ¿Que nadie jamás va entenderlo? Miró al horizonte porque no tenía la respuesta.
Unas burbujas salieron del agua y lo desconcentraron de su tristeza. Se vio a sí mismo en el agua y se sumergió en su cara.
Era domingo otra vez, como todos los días últimamente. Guille ya había despertado, estaba en el muelle, con los pies en el agua tomando té en la sombra, y con el repelente que Garnold no se había puesto aún.
PLAF, mató un mosquito Garnold, PLAC, otro. PLAC, y se tiró al agua.
Recién volvió a tomar aire a los pies de Guille que lo miró y le dijo: ¿Qué hiciste anoche? Había preparado fideos pensando que venías. Garnold dudó. Eh, fui a pasear, nadé... Después comí y me eché a dormir...
-Se quedaron callados. -
Ah, dijo Guille que entendió la mentira. Dicen que hubo un incendio.
Garnold se asombró y se fue sin dar ninguna explicación.
Nadó mirando el cielo hasta llegar a la soledad que lo dejó ser.
¿Qué sentido tiene? No lo entendería, se dijo, no podría compartirlo con ninguna persona.
Garnold se sentó en la orilla y se miró en el reflejo del agua. Una reflexión lo entristeció.
Yo volé, eso fue así...
¿Será que sólo vale para mí? ¿Que nadie jamás va entenderlo? Miró al horizonte porque no tenía la respuesta.
Unas burbujas salieron del agua y lo desconcentraron de su tristeza. Se vio a sí mismo en el agua y se sumergió en su cara.
domingo, 6 de abril de 2014
A veces el ruido
Algunas cosas deberían ser menos pensadas, pensaba Garnold.
Estaban todos en ronda en el quincho tomando cervezas, justo al lado de la pileta. Y Garnold se estaba deleitando con unos maníes. Mientras terminaba de masticar y se chupaba los dedos, fluía e instintivamente sintió que la próxima acción sería servirse otro vaso. Instantes después miró a sus amigos que hablaban entre ellos y buscó en sus manos, la cerveza. No la encontró sino en la mesa con lo que se inclinó por agarrarla sin preguntar y servirse el nuevo vaso. Al terminar de servirlo levantó una vez más la cabeza y miró a todos. Nadie lo vio así que dejó la cerveza donde estaba y empezó a tomar.
Estaba helada y era verano. Una noche de verano. Para ese momento Garnold estaba bastante cansado pero no se lo había dicho a nadie. Había tenido un agotador día de estudios y había caminado mucho también. Pero dado el viernes como día de encuentro social, Garnold dejó de lado sus deseos de dormir y se dedicó a hacer lo que su grupo pedía. Mientras tomaba sentía ruido. Sus amigos hablaban a los gritos y se reían fuerte. Había una competencia de risas implícita y una competencia de modismos graciosos. Ninguno era actor ni consciente de esa competencia, pero Garnold desde su silencio y cansancio no lo pudo ver de otra manera. Algunos después de cada chiste golpeaban la mesa, otros festejaban alterando su voz. Algunos se sorprendían de manera forzada. Y todo en un desivel insoportable. Por momentos hablaban de sexo pero gran parte del tiempo lo dedicaban a hablar de los recuerdos de sus recientes vacaciones. Al mismo tiempo había música en la computadora y nadie la escuchaba. Garnold estaba agobiado de tanto griterío. Sentía que para poder estar así debía inyectarse una dosis de euforia y testosterona. O no sé, pensaba. Lo único que decidió hacer fue levantarse y apagar la música.
Cuando se paró lo miraron todos y uno le dijo. "Eh amargo, estamos escuchando". Garnold lo miró y le dijo, me hace mal el ruido. O escuchamos música o nos escuchamos nosotros le dijo. Y el amigo, sin responderle, se volvió a concentrar en su presente monólogo. Gritando decía "Y así como estábamos, los
cuatro adentro del remís nos miramos y dijimos ¡¿Qué?! No podía ser real. No podía. El chabón era igual a Michael Jackson." Y se reían todos con sus modos distintos. Garnold no podía reírse. Intentaba pero no podía. Ese parecía ser su modo. Miró el celular y era la 1:30 recién. ¿Y?, ¿Arrancamo? Se escuchaba por ahí. Garnold no podía más. Le preguntó a su amigo, el dueño de la casa, si podía quedarse a dormir. Le respondió que sí y se fue a la cama.
Mejor ni pensar en estas cosas, se obligó. Y se durmió borracho.
Estaban todos en ronda en el quincho tomando cervezas, justo al lado de la pileta. Y Garnold se estaba deleitando con unos maníes. Mientras terminaba de masticar y se chupaba los dedos, fluía e instintivamente sintió que la próxima acción sería servirse otro vaso. Instantes después miró a sus amigos que hablaban entre ellos y buscó en sus manos, la cerveza. No la encontró sino en la mesa con lo que se inclinó por agarrarla sin preguntar y servirse el nuevo vaso. Al terminar de servirlo levantó una vez más la cabeza y miró a todos. Nadie lo vio así que dejó la cerveza donde estaba y empezó a tomar.
Estaba helada y era verano. Una noche de verano. Para ese momento Garnold estaba bastante cansado pero no se lo había dicho a nadie. Había tenido un agotador día de estudios y había caminado mucho también. Pero dado el viernes como día de encuentro social, Garnold dejó de lado sus deseos de dormir y se dedicó a hacer lo que su grupo pedía. Mientras tomaba sentía ruido. Sus amigos hablaban a los gritos y se reían fuerte. Había una competencia de risas implícita y una competencia de modismos graciosos. Ninguno era actor ni consciente de esa competencia, pero Garnold desde su silencio y cansancio no lo pudo ver de otra manera. Algunos después de cada chiste golpeaban la mesa, otros festejaban alterando su voz. Algunos se sorprendían de manera forzada. Y todo en un desivel insoportable. Por momentos hablaban de sexo pero gran parte del tiempo lo dedicaban a hablar de los recuerdos de sus recientes vacaciones. Al mismo tiempo había música en la computadora y nadie la escuchaba. Garnold estaba agobiado de tanto griterío. Sentía que para poder estar así debía inyectarse una dosis de euforia y testosterona. O no sé, pensaba. Lo único que decidió hacer fue levantarse y apagar la música.
Cuando se paró lo miraron todos y uno le dijo. "Eh amargo, estamos escuchando". Garnold lo miró y le dijo, me hace mal el ruido. O escuchamos música o nos escuchamos nosotros le dijo. Y el amigo, sin responderle, se volvió a concentrar en su presente monólogo. Gritando decía "Y así como estábamos, los
cuatro adentro del remís nos miramos y dijimos ¡¿Qué?! No podía ser real. No podía. El chabón era igual a Michael Jackson." Y se reían todos con sus modos distintos. Garnold no podía reírse. Intentaba pero no podía. Ese parecía ser su modo. Miró el celular y era la 1:30 recién. ¿Y?, ¿Arrancamo? Se escuchaba por ahí. Garnold no podía más. Le preguntó a su amigo, el dueño de la casa, si podía quedarse a dormir. Le respondió que sí y se fue a la cama.
Mejor ni pensar en estas cosas, se obligó. Y se durmió borracho.
domingo, 30 de marzo de 2014
Buenas ideas
Y esa noche Garnold, agobiado ya por sus estudios, se acostó en la reposera de su casa y dejó que el viento lo haga sentir natural. El cielo estaba nublado, violeta por Buenos Aires, y Garnold pensaba en las ideas trascendentes, en la inspiración, y se contaba a sí mismo su modo llegar a ellas. Pensaba como si lo hubiese pensado antes, o como si supiera lo que estaba diciendo.
Lo primero que hago es nutrir mi cerebro. Me junto con un amigo que no veía hacía tiempo y salgo a caminar con él. Algo así. De algo seguro charlamos. Y si no, algún sedimento de mi inconsciente sí o sí se remueve. Esa es la idea. Después, lo que busco es encontrarme en una situación donde quiera escuchar música: puede ser cualquiera, viajar en bondi, bajar del tren, o bien, otra que me sirve mucho es pararme y caminar después de haberme sentado. Para ese momento estoy feliz, con mi mp3 en el bolsillo, con mi nube de charla agradable, y con todas mis ganas de escuchar música. Eso me da poder. Mucho poder, porque esas ganas, que son mi único deseo, están a punto de hacerse realidad. Y nada salvo mí mismo puede impedir eso. Con ese deseo tan fuerte y esa seguridad, lo que hago es olvidarme del mp3 y empezar a pensar.
Siempre cambian los pensamientos ¿No?, pero siempre me termino yendo a ellos. A escucharlos. Esa situación es perfecta para eso. Ubicado en la más alta montaña de mi mundo puedo ver a esa charla como un recuerdo que viaja, a mis sentimientos como agua, a las dudas reinvtándose solas, cambiando de estado. Veo ideas volando que no se dejan ver... Esfumadas. Tengo también viejas creencias que le dan color al lugar. Otras que le dan consistencia, Y algunas que son como personas. Hay cosas lógicas que derivan de otras, y otras completamente descolocadas, inverosímiles. Algunas cosas están estáticas, para verlas, y otras cantadas como una película. No todo es certero, y no todo está analizado, simplemente está como una mancha en una hoja. Y con ella creo, empiezo a calcarle algunas partes, otras modificarlas un poco. Algunas elijo sólamente dejarlas ahí, como silencios de reflexión. Y de la reflexión también me desconcentro y miro mi cielo. Cada tanto cae una estrella con forma abstracta. Eso lo dibujé el otro día pienso. Y por el otro lado pasa una nave, dibujada también. Y así estoy un rato, hasta que me molesta el viento y me dan ganas de bajar a compartir lo que viví. No sé por qué miraré tanto el cielo cuando estoy en la cima, por ahí me da vértigo el poder. Pero lo importante no es eso, sino que estoy en mi mundo, solo, y en mi montaña.Y ahí nacen mis ideas importantes, las que definen mi sendero.
Lo primero que hago es nutrir mi cerebro. Me junto con un amigo que no veía hacía tiempo y salgo a caminar con él. Algo así. De algo seguro charlamos. Y si no, algún sedimento de mi inconsciente sí o sí se remueve. Esa es la idea. Después, lo que busco es encontrarme en una situación donde quiera escuchar música: puede ser cualquiera, viajar en bondi, bajar del tren, o bien, otra que me sirve mucho es pararme y caminar después de haberme sentado. Para ese momento estoy feliz, con mi mp3 en el bolsillo, con mi nube de charla agradable, y con todas mis ganas de escuchar música. Eso me da poder. Mucho poder, porque esas ganas, que son mi único deseo, están a punto de hacerse realidad. Y nada salvo mí mismo puede impedir eso. Con ese deseo tan fuerte y esa seguridad, lo que hago es olvidarme del mp3 y empezar a pensar.
Siempre cambian los pensamientos ¿No?, pero siempre me termino yendo a ellos. A escucharlos. Esa situación es perfecta para eso. Ubicado en la más alta montaña de mi mundo puedo ver a esa charla como un recuerdo que viaja, a mis sentimientos como agua, a las dudas reinvtándose solas, cambiando de estado. Veo ideas volando que no se dejan ver... Esfumadas. Tengo también viejas creencias que le dan color al lugar. Otras que le dan consistencia, Y algunas que son como personas. Hay cosas lógicas que derivan de otras, y otras completamente descolocadas, inverosímiles. Algunas cosas están estáticas, para verlas, y otras cantadas como una película. No todo es certero, y no todo está analizado, simplemente está como una mancha en una hoja. Y con ella creo, empiezo a calcarle algunas partes, otras modificarlas un poco. Algunas elijo sólamente dejarlas ahí, como silencios de reflexión. Y de la reflexión también me desconcentro y miro mi cielo. Cada tanto cae una estrella con forma abstracta. Eso lo dibujé el otro día pienso. Y por el otro lado pasa una nave, dibujada también. Y así estoy un rato, hasta que me molesta el viento y me dan ganas de bajar a compartir lo que viví. No sé por qué miraré tanto el cielo cuando estoy en la cima, por ahí me da vértigo el poder. Pero lo importante no es eso, sino que estoy en mi mundo, solo, y en mi montaña.Y ahí nacen mis ideas importantes, las que definen mi sendero.
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