martes, 6 de agosto de 2019

Buscafama

Pues una noche la maestra dijo:
-Oh... la trascendencia en el arte. Esa búsqueda de la inmortalidad y el reconocimiento después de muerte. Van Gogh, por ejemplo ¿De qué sirve el reconocimiento si uno no lo puede vivir? ¿De qué le sirve el reconocimiento al artista?

Garnold sintió un dolor en el pecho cuando percibió el tono irónico de su maestra. Sintió que ella hacía burla de una trascendencia que quizás él mismo anhelaba.

Recordó inmediatamente a su abuela, que pocos años antes había muerto y dejado una herencia de centenares de cuadros, telas teñidas y esculturas; que en su mayoría fueron desechados.
En vida ella no tuvo ningún reconocimiento ni ningún acercamiento al mundo del arte, mucho menos al mercado.
Ella pintaba para sanarse y para explorar la vida. No consideraba el arte como un medio para la expresión o la supervivencia, sino como un acceso a la plenitud en sí mismo.
Recordó que ella le había mencionado en su lecho de muerte que el arte le había salvado la vida y  sintió también el misterio eterno que quedó dentro suyo al no haber hecho más preguntas en ese momento.

¿Qué te estaba pasando abuela?
¿Esculpías o pintabas?
¿Me mostrás?

Luego de la clase, Garnold visitó a sus padres y contempló uno de esos cuadros. Allí mismo quitó el dolor de su pecho con una afirmación.

Amó esos trazos y puedo verla a través de ellos.
La importancia de la trascendencia del arte no tiene que ver con la fama, sino con la profundidad que ofrece la reinterpretación con el paso del tiempo.
Soy su único espectador y quizás ella misma fue su única espectadora durante tantísimos años. Esto no le quita mérito ni valor. Quizás, nadie vuelva a ver nunca más su obra. Pero la transformación que dejó en mí, mutó mi raíz, mi futura obra, mi futuro espectador, que quizás sea solo una persona en particular dentro de medio siglo, o más tiempo, nadie sabe.