domingo, 6 de abril de 2014

A veces el ruido

Algunas cosas deberían ser menos pensadas, pensaba Garnold.
Estaban todos en ronda en el quincho tomando cervezas, justo al lado de la pileta. Y Garnold se estaba deleitando con unos maníes. Mientras terminaba de masticar y se chupaba los dedos, fluía e instintivamente sintió que la próxima acción sería servirse otro vaso. Instantes después miró a sus amigos que hablaban entre ellos y buscó en sus manos, la cerveza. No la encontró sino en la mesa con lo que se inclinó por agarrarla sin preguntar y servirse el nuevo vaso. Al terminar de servirlo levantó una vez más la cabeza y miró a todos. Nadie lo vio así que dejó la cerveza donde estaba y empezó a tomar.
Estaba helada y era verano. Una noche de verano. Para ese momento Garnold estaba bastante cansado pero no se lo había dicho a nadie. Había tenido un agotador día de estudios y había caminado mucho también. Pero dado el viernes como día de encuentro social, Garnold dejó de lado sus deseos de dormir y se dedicó a hacer lo que su grupo pedía. Mientras tomaba sentía ruido. Sus amigos hablaban a los gritos y se reían fuerte. Había una competencia de risas implícita y una competencia de modismos graciosos. Ninguno era actor ni consciente de esa competencia, pero Garnold desde su silencio y cansancio no lo pudo ver de otra manera. Algunos después de cada chiste golpeaban la mesa, otros festejaban alterando su voz. Algunos se sorprendían de manera forzada. Y todo en un desivel insoportable. Por momentos hablaban de sexo pero gran parte del tiempo lo dedicaban a hablar de los recuerdos de sus recientes vacaciones. Al mismo tiempo había música en la computadora y nadie la escuchaba. Garnold estaba agobiado de tanto griterío. Sentía que para poder estar así debía inyectarse una dosis de euforia y testosterona. O no sé, pensaba.  Lo único que decidió hacer fue levantarse y apagar la música.
Cuando se paró lo miraron todos y uno le dijo. "Eh amargo, estamos escuchando". Garnold lo miró y le dijo, me hace mal el ruido. O escuchamos música o nos escuchamos nosotros le dijo. Y el amigo, sin responderle, se volvió a concentrar en su presente monólogo. Gritando decía "Y así como estábamos, los
cuatro adentro del remís nos miramos y dijimos ¡¿Qué?! No podía ser real. No podía. El chabón era igual a Michael Jackson." Y se reían todos con sus modos distintos. Garnold no podía reírse. Intentaba pero no podía. Ese parecía ser su modo. Miró el celular y era la 1:30  recién. ¿Y?, ¿Arrancamo? Se escuchaba por ahí. Garnold no podía más. Le preguntó a su amigo, el dueño de la casa, si podía quedarse a dormir. Le respondió que sí y se fue a la cama.
Mejor ni pensar en estas cosas, se obligó. Y se durmió borracho.