domingo, 30 de marzo de 2014

Buenas ideas

Y esa noche Garnold, agobiado ya por sus estudios, se acostó en la reposera de su casa y dejó que el viento lo haga sentir natural. El cielo estaba nublado, violeta por Buenos Aires, y Garnold pensaba en las ideas trascendentes, en la inspiración, y se contaba a sí mismo su modo llegar a ellas. Pensaba como si lo hubiese pensado antes, o como si supiera lo que estaba diciendo.
Lo primero que hago es nutrir mi cerebro. Me junto con un amigo que no veía hacía tiempo y salgo a caminar con él. Algo así. De algo seguro charlamos. Y si no, algún sedimento de mi inconsciente sí o sí se remueve. Esa es la idea. Después, lo que busco es encontrarme en una situación donde quiera escuchar música: puede ser cualquiera, viajar en bondi, bajar del tren, o bien, otra que me sirve mucho es pararme y caminar después de haberme sentado. Para ese momento estoy feliz, con mi mp3 en el bolsillo, con mi nube de charla agradable, y con todas mis ganas de escuchar música. Eso me da poder. Mucho poder, porque esas ganas, que son mi único deseo, están a punto de hacerse realidad. Y nada salvo mí mismo puede impedir eso. Con ese deseo tan fuerte y esa seguridad, lo que hago es olvidarme del mp3 y empezar a pensar.
Siempre cambian los pensamientos ¿No?, pero siempre me termino yendo a ellos. A escucharlos. Esa situación es perfecta para eso. Ubicado en la más alta montaña de mi mundo puedo ver a esa charla como un recuerdo que viaja, a mis sentimientos como agua, a las dudas reinvtándose solas, cambiando de estado. Veo ideas volando que no se dejan ver... Esfumadas. Tengo también viejas creencias que le dan color al lugar. Otras que le dan consistencia, Y algunas que son como personas. Hay cosas lógicas que derivan de otras, y otras completamente descolocadas, inverosímiles. Algunas cosas están estáticas, para verlas, y otras cantadas como una película. No todo es certero, y no todo está analizado, simplemente está como una mancha en una hoja. Y con ella creo, empiezo a calcarle algunas partes, otras  modificarlas un poco. Algunas elijo sólamente dejarlas ahí, como silencios de reflexión. Y de la reflexión también me desconcentro y miro mi cielo. Cada tanto cae una estrella con forma abstracta. Eso lo dibujé el otro día pienso. Y por el otro lado pasa una nave, dibujada también. Y así estoy un rato, hasta que me molesta el viento y me dan ganas de bajar a compartir lo que viví. No sé por qué miraré tanto el cielo cuando estoy en la cima, por ahí me da vértigo el poder. Pero lo importante no es eso, sino que estoy en mi mundo, solo, y en mi montaña.Y ahí nacen mis ideas importantes, las que definen mi sendero.